Los cuatro acuerdos. Sabiduría Tolteca

Los cuatro acuerdos. Sabiduría Tolteca

Los cuatro acuerdos. Sabiduría Tolteca 1091 640 Manel y Marina

ESTO ES LO QUE SOY. ESTO ES LO QUE CREO. ESTOS SON MIS ACUERDOS CON LA VIDA Y CONMIGO MISMO

Hace miles de años los Toltecas era conocidos en todo el sur de México como «mujeres y hombres de conocimiento». Los antropólogos han definido a los toltecas como una nación o una raza, pero de hecho, eran científicos y artistas que formaron una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados. Formaron una comunidad de maestros (naguales) y estudiantes en Teotihuacán, la ciudad de las pirámides en las afueras de Ciudad de México, conocida como el lugar en que «el hombre se convierte en Dios»

A lo largo de los milenios los naguales se vieron forzados a esconder su sabiduría ancestral y mantener su existencia en secreto. Por fortuna, el conocimiento esotérico tolteca fue conservado y transmitido de una generación a otra por distintos linajes naguales.

Esto es parte de su enseñanza…

Cuando somos capaces de reconocer que nuestros acuerdos gobiernan nuestra vida y lo que estamos haciendo no nos gusta, la única solución es cambiar de acuerdos. Si estamos dispuestos a cambiarlos encontramos cuatro acuerdos que nos ayudaran a romper con aquellos que surgen del miedo y nos impiden avanzar.

Nuestra vida la vamos construyendo desde que nacemos con acuerdos que hacemos con el mundo. De él  aprendemos la identidad de las cosas materiales e inmateriales, lo que está bien o está mal. En este proceso de aprendizaje tenemos que ir revisando constantemente nuestros hábitos, para poder transformarlos en acuerdos que nos sirvan.  Eliminar aquellos que nos son necesarios, aquellos que no queremos, aquellos que no nos valen y sustituirlos por otros cuyos principios y valores sean los correctos.

Necesitamos una gran fuerza para poder adoptar los Cuatro Acuerdos, si somos capaces de vivir con ellos, transformaremos nuestra vida de una manera asombrosa y vivirás el sueño de tu vida como tú quieres.

Hablemos de estos acuerdos…

“No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo decides. Si observas la vida encontraras muchas escusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento”

Dr. Miguel Ruiz.

Primer acuerdo.

SE IMPECABLE CON TUS PALABRAS

Eres lo que dices, las palabras que salen de ti muestran a los demás lo que eres. Si no respetas lo que dices, no te estas respetando a ti mismo; si no te respetas a ti mismo no te valoras como persona. Respetar nuestras palabras es ser coherente con lo que pensamos y con lo que hacemos. Hace que seamos más auténticos y dignos ante los demás y ante nosotros mismos. Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos son responsabilidad nuestra

Nuestras palabras constituyen el poder que tenemos para crear, no solo son sonidos o símbolos escritos. Nuestra intención se pone en manifiesto a través de las mismas, lo que soñamos y sentimos lo mostramos por medio de ellas.

No son solo sonidos o símbolos escritos, manifiestan el poder que tenemos para comunicarnos y expresarnos, como consecuencia creamos lo que pensamos a través de las palabras. Creas tu vida a través de ellas. Puedes hablar.

Pero son un arma de doble filo, pueden crear el mejor de los sueños o destruir todo lo que nos rodea. Toda la fuerza que poseemos se basa en ellas, es magia. Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o destruir otra.

Ser impecable con tus palabras es utilizar correctamente tu energía, en dirección a la verdad y el amor por ti mismo.

Hemos aprendido a hacer precisamente lo contrario, hemos hecho de la mentira un hábito cuando nos comunicamos con los demás y lo que es peor cuando lo hacemos con nosotros mismos.

Si llegamos a un acuerdo con nosotros mismos para ser impecables con nuestras palabras, podremos limpiar nuestro ser de ese veneno emocional que impide que seamos puros y estemos en paz con nosotros y  en consecuencia con los demás.

Tercer acuerdo.

NO HAGAS SUPOSICIONES

Tendemos hacer suposiciones de todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto, que es real. Hacemos suposiciones de lo que los demás hacen o piensan (nos lo tomamos personalmente) y después los culpamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Por eso, siempre que hacemos suposiciones, nos buscamos problemas. Hacemos una suposición, comprendemos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de ello.

Toda la tristeza y dramas que hemos experimentado tienen sus raíces en las suposiciones que hemos hecho y en haberlas tomado personalmente.

Suponemos que todos ven la vida igual que nosotros, que piensan, sienten y juzgan como lo hacemos nosotros. Esta es la mayor suposición que hacemos y es la razón por la cual nos da miedo ser nosotros mismos ante los demás. Porque creemos que nos juzgaran y nos culparan como nosotros mismos lo hacemos.

La mejor manera de evitar suposiciones es preguntar. Tenemos que asegurarnos de que las cosas nos quedan claras, si no comprendes alguna ten el valor de preguntar hasta que te quede todo bien claro. Una vez sepamos la respuesta no tendremos que hacer suposiciones porque sabremos la verdad. Cuando dejemos las suposiciones podremos comunicarnos con claridad y nuestras palabras se volverán nítidas e impecables.

Segundo acuerdo.

NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE

Suceda lo que suceda a nuestro alrededor, no te lo tomes como algo personal. Nos pensamos que todo gira a nuestro alrededor, creemos que somos responsables de todo.

Nada de lo que los demás hacen es por nosotros. Lo hacen por ellos mismos. Cada uno de nosotros vive su propio sueño, en su propia mente, los demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vivimos nosotros. Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que saben lo que hay en nuestro mundo e intentamos imponérselo por encima del suyo.

“Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Ni la más grave herida. Ni el más sutil alago. En la medida que alguien nos quiera lastimar se lastima a sí mismo.”

Sea lo que sea lo que hagan o piensen los demás, no tenemos que tomarlo personalmente. Incluso si nos dicen que somos maravillosos, no lo dicen por nosotros. Ya sabemos que lo somos, no es necesario que nadie nos lo diga para creérnoslo. Si nos tomamos las cosas personalmente nos exponemos a sufrir por nada.

Cuando convirtamos esto en un hábito, evitaremos muchos disgustos en la vida. Rabia, celos y envidia desaparecerán, seremos mucho más libres y fuertes emocionalmente.


Cuarto acuerdo.

HAZ SIEMPRE LO MÁXIMO QUE PUEDAS

Este último acuerdo es el que permite que los otros tres se conviertan en unos hábitos bien arraigados. Este cuarto acurdo se refiere a la realización de los tres primeros. Haz siempre lo máximo que puedas.

“Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos.”

Tenemos que pensar que eso puede variar en cualquier momento. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, así que en ocasiones, lo máximo que podremos hacer es tener una gran claridad, y en otras no será tan bueno. Cuando nos despertamos por la mañana renovados y con fuerzas, nuestro rendimiento será mejor que por la noche cuándo estamos agotados. Nuestro rendimiento dependerá de cómo nos sintamos, si estamos felices o disgustados, enfadados o celosos.

Tenemos que hacer lo máximo que podamos, en cualquier circunstancia de nuestra vida. No importa si estamos cansados o no estamos bien, si hacemos lo máximo que podamos, no nos juzgaremos a nosotros mismos de modo alguno. Y así no tenemos nada que reprocharnos, ni porque culpabilizarnos. Al hacer siempre lo máximo que podamos estaremos tranquilos con nosotros mismos.

“Naciste con el derecho de ser feliz. Naciste con el derecho de amar, de disfrutar y compartir tu amor. Estás vivo, así que toma tu vida y disfrútala. No te resistas a que la vida pase por ti.”

Los cuatro acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los Toltecas. Solo tienes que adoptarlas, respetar su significado y su poder.

Este artículo ha sido extraído de:

 LOS CUATRO ACUERDOS

Un libro de la Sabiduría Tolteca

 del Dr. Miguel Ruiz  

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